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Sandra y la Casa de las Respuestas
Sandra llevaba enfadada una larga temporada porque no entendía las razones de la vida. Había visto últimamente muchos actos terroristas y se preguntaba que, si Dios había creado el mundo, ¿por qué existía la maldad? Había guerras, pobreza, enfermedad... Al día siguiente, en el desayuno, le preguntó a su madre. ─¿Mamá por qué no se acaba el mal y viene la
paz? Las palabras "imposible explicarla" rebotaron en su mente... ─¿En qué piensas hija mía? ─ Sandra no respondió, estaba tan ensimismada que no oyó hablar a su madre. La mamá, que la conocía bien, no le hizo más preguntas y reinó el silencio de nuevo. Cada día, Sandra veía reflejada su pregunta en la vida diaria: gente que abandonaba a sus mascotas, actos terroristas, gente muriendo por hambre... y gracias a aquello, tuvo un "flashback" mental... una casa en la que se respondían preguntas. Quizás así podría resolver su problema. Pero ¿cómo podría encontrarla? Aquella noche soñó de con un lugar raro, muy raro. Era una casa grande, casi se podía decir que era una mansión. Estaba rodeada de pinos. Sandra se quedó sorprendida al reconocer que estaba en la famosa Casa de las Respuestas, que había deseado tener enfrente durante tanto tiempo. Atravesó sola el pinar hasta llegar a ella, subió las escaleras que llevaban a la puerta principal y, al llegar al hall, un cartel indicaba cómo acceder a ella. Al llegar a este lugar, ─Mi pregunta es ¿por qué existe el mal en el mundo? ─ Esperó unos segundos sin que se abrieran las enormes puertas, pensó que su pregunta quizás no tendría mucha importancia, pero esperó algo más y, cuando por fin pensaba darse por vencida, se abrieron de par en par. Decidió entrar pero, cuando iba a dar su primer paso, la despertó su madre para ir a la escuela. Sandra se levantó y empezó a llorar. Su madre, asustada, la miró y le preguntó ─¿Por qué lloras? Durante las 24 horas posteriores, Sandra estuvo con una cara larguísima y muy, pero que muy enfadada por lo que había ocurrido. Quizás ya no tendría otra oportunidad. Con toda normalidad, Sandra llegó a cumplir los 12 años sin volver a soñar más con aquel lugar, pero el mismo día de su cumpleaños, mientras compraba todos los preparativos para la fiesta, fue cuando vio a un hombre anciano que, intentando coger un objeto de una estantería alta, ésta se le vino encima. Al ser golpeado, se lastimó la pierna y cayó al suelo. La niña corrió a ayudarle y el anciano se lo agradeció mucho. Por la tarde, tuvo la celebración de su "cumple". Lo pasaron muy bien, jugaron, saltaron, chillaron... y, con todo eso, cuando Sandra cayó en la cama, rendida, se durmió en pocos segundos. Afortunadamente, tuvo un inesperado regalo de cumpleaños. ¡Otro sueño en el que continuó el que había tenido hacía mucho tiempo! Cuando pudo visualizar donde se encontraba, se dio cuenta de que estaba frente a las puertas abiertas de la Casa de las Respuestas. Como ya conocía el lugar muy bien, entró corriendo pero no había nadie. El aspecto de la casa era algo rústico. En su interior había muchísimas puertas, se podría decir que centenares de ellas, y en la parte superior de cada una había una especie de título. Se dispuso a leer uno cuando, de pronto, se cerraron las grandes puertas de la entrada y, sin saber por qué, su mirada se dirigió a un gran cuadro que había colgado en la pared. En él había enmarcada la fotografía de un hombre, parecía muy mayor, llevaba puesta una chaqueta azul marino y una corbata a juego, pero lo raro no era eso sino que había muchos más cuadros de hombres ancianos como él, vestidos de la misma manera pero no decía en ninguna parte nada sobre ellos. Cuando terminó de contemplar aquellos cuadros en los que se había quedado embobada sin tener ninguna explicación, se dio cuenta de que estaba encerrada. Fue corriendo a intentar abrir las puertas pero no lo consiguió. Como sabía muy bien, aunque, la verdad, estaba un poco confusa, aquello no era real. Por eso no le dio mucha importancia a estar encerrada allí, sabía que despertaría y todo volvería a ser normal. Al mismo tiempo, sintió algo muy extraño. En todos sus sueños ella tocaba algo y no tenía sensación de tacto, pero en éste era como si estuviese en la vida real. Todo lo que tocaba lo sentía, oía el ruido del aire y hasta la humedad de la casa le hizo sentir frío. Fijó su mirada en los títulos de los marcos de las puertas y leyó algunos: paz, guerra, pobreza, riqueza, terrorismo... Había otros, pequeñitos, con las instrucciones para acceder a cada puerta. En la puerta de la paz pudo leer: SI LA PREGUNTA ES SOBRE LA PAZ Después divisó el cartel de la puerta del amor. SI PIENSAS QUE EL AMOR NO TE ACOMPAÑA Todo, como el cartel de la entrada, estaba escrito en verso. Sandra pensó que su pregunta era acerca del por qué del mal en el mundo, por eso leyó el cartel del terrorismo. SI TE PREGUNTAS POR QUÉ EXISTE EL TERRORISMO, Esa era la puerta adecuada. Se dirigía a ella cuando le pasó lo mismo que en su primer sueño: se despertó. Esta vez no había sido su madre la que le interrumpió en aquel paraíso (así lo consideraba ella), sino que se había despertado sola. ─¡Qué fastidio!" ─, dijo Sandra, casi llorando, como la última vez. ─¿Por qué me habré despertado en lo más interesante del sueño? ─ se preguntó indignada. Se dio cuenta de que, en aquella situación, las lágrimas jamás le darían solución a nada, por eso se calmó. Ella aún no sabía que realizar obras verdaderamente buenas, procedentes de su corazón, era la fórmula para resolver su pregunta, aunque muy pronto lo descubriría. El tiempo se llevó dos semanas más hasta que esta ocurrencia de Sandra tuvo lugar: un sábado soleado salió a pasear y tuvo un pensamiento que la marcó para toda su vida. Como era muy buena lectora y veía películas, aprovechó sus conocimientos e imaginó que se encontraba delante de dos sacos, uno lleno de arena y el otro de monedas de plata y oro. Su prueba consistía en escoger uno de los dos. Como, al fin y al cabo, esto no era la realidad, escogió el de arena, suponiendo que le ocurriría lo mismo que a los personajes de sus libros favoritos. A veces lo pobre (como el saco de arena) te hace rica, y la plata no siempre te lleva al mejor destino. Empezó a caminar por un sendero que conducía a un bosque cuando, de pronto, escuchó una voz que pedía socorro. Su única intención era salvar la vida de aquella persona. Con el saco a cuestas y sin apenas poder andar, se encontró una especie de agujero del que salía fuego. En su interior había un niño que gritaba sin cesar ─¡Sálvame, me quemo! ─ Sandra acertó al pensar que si tiraba la arena del saco al agujero quizás le salvaría. Se acercó a las llamas, hacía mucho calor pero arrojó la arena y apagó el fuego. El niño, afortunadamente salió ileso pero, sin saber cómo, desapareció. En aquella imaginación suya, Sandra había realizado algo bueno al ayudar a ese niño, pero se preguntaba qué hubiese pasado si, en cambio, su elección hubiera sido el saco de monedas de plata y de oro. ¿Le ayudarían estos pensamientos a encontrar lo que estaba buscando? Sandra citaba en casi todas las páginas de su diario la famosa Casa de las Respuestas y, cada vez más, su impaciencia era mayor por encontrarse de nuevo con ella. Cada vez sus sueños eran más abundantes, y aquel que le dio a Sandra la solución final fue el que más adelante mencionaré. Quedaba sólo un día para que viniesen los Reyes Magos, y esa noche tuvo otro sueño que sería definitivo. Encontró el impulso que tenía que realizar para abrir su puerta. Sin pensarlo dos veces, lo hizo y... encontró una habitación, entró y vio un cuadro con la fotografía de un señor que le resultaba familiar. ¿Dónde lo había visto antes? Inesperadamente, el cuadro le habló así: ─Querida Sandra, conseguir tus respuestas no será
del todo sencillo, hemos de ponerte alguna prueba en la que nos demuestres
lo que tú estarías dispuesta a hacer para que desaparezca todo lo malo
en el mundo, ¿o no es eso lo que tú deseas? Al instante, la fotografía desapareció y aquel cuadro se convirtió en una pantalla. Una película mostró primero muchos niños pobres, sin nada que comer, sedientos, con muchísimo frío. Después, gente rica que se gastaban su dinero sólo en ellos, sin pensar en los demás, que tan mal lo estaban pasando. Después, jóvenes que caían en los efectos dañinos del alcohol y las drogas. Terminaron las imágenes y, al momento, volvió a aparecer el famoso señor con su bigote y con cara interrogativa. ─¿Y bien, niña, qué soluciones pondrías a
tales situaciones? El hombre del cuadro, sorprendido por la valiosa explicación de Sandra, le respondió: ─Sandra, por esta casa han pasado millones de
personas y nadie me ha contestado tan bien como tú. No sé si te habrás
dado cuenta, pero la respuesta a tu pregunta la acabas de dar tú misma. Sandra, sin poder cerrar la boca y sin creérselo, le agradeció todo al hombre y se despidió. Cuando volvió a casa y se acostó, guardó en su mente, por siempre, aquellos momentos que pasó en la Casa de las Respuestas. Pero esto no termina aquí... La noche de Reyes, Sandra les dejó una carta que decía: Queridos Reyes Magos: Este año lo único que os pido es PAZ, la necesitaré para repartirla entre las gentes. También deseo que jamás desaparezca la Casa de las Respuestas, me abrió camino al bien aunque nadie cree lo que cuento de ella, pero la verdad es que yo la viví con el corazón y no hace falta que lo sepan los demás. P.D. No dudéis en recurrir a ella cuando lo necesitéis. Si veis al hombre del cuadro, dadle un saludo de mi parte (ahora ya sé quién es) y decidle que la verdadera Casa de las Respuestas se encuentra en nuestro interior. Un beso, SANDRA.
Sandra de la Casa Beltrán. 6ºA. 11 años |
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