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SER MUJER Y DE LENGUA
A veces la voluntad es buena, pero los elementos se vuelven de tal manera
contra una que dan ganas de tirar la toalla.
La informática sigue siendo un espacio privilegiado, reservado
en muchas ocasiones a los profesores de ciencias, sobre todo a los de
matemáticas y quiero que quede claro que no he usado el término
profesor en este caso para hablar de hombres y de mujeres, no, me refiero
a profesores varones.
Ser mujer y profesora de Lengua sigue siendo una desventaja. Todo el mundo
te mira con desconfianza. "¡Pero si es de letras!", "En
la sala de informática los alumnos se desmandan con facilidad,
cambian la configuración de los ordenadores, entran en páginas
que no deben, "¿Cómo va a controlar ésta a la
vez a los alumnos y a los desaguisados que provocan en los ordenadores?"...
Prejuicios, prejuicios y más prejuicios. Sin contar con que los
iniciados en la informática se sienten como una casta aparte. Son
los que saben, los que controlan, los que arreglan los entuertos. Los
demás (sobre todo las demás) sólo los provocamos.
He estado haciendo una estadística mental del uso de las aulas
de informática. Una profesora por cada diez profesores. Una del
área de letras frente a quince del área de ciencias.
Quisiera que esta reflexión sirviera para que todos los compañeros
informáticos - y que quede claro que lo del informáticos
queda dicho con toda la ironía de la que soy capaz, porque la mayoría
de ellos se han formado como yo, en sus casas, investigando e investigando,
haciendo pruebas, preguntando a los que más saben, haciendo cursillos
fuera del horario escolar. La mayoría son (somos) buenos usuarios,
no informáticos, "aficionados"- Quisiera, repito, que
mis palabras sirvieran para que los profesores de informática tengan
con las que no son de su mismo sexo y especialidad, más respeto.
Mis alumnos no enredan más o los ordenadores no se estropean más
por ser mujer y de lengua, yo sé cómo controlarlos, llevo
mi trabajo perfectamente estructurado y soy capaz de resolver casi la
totalidad de los problemas que surgen a lo largo de una clase en el aula
de ordenadores, siempre y cuando no se trate de algo físico del
aparato en cuyo cayo tanto ellos como yo solemos llamar a un técnico.
La informática como herramienta para aplicación en las distintas
asignaturas no es más que habilidad en la búsqueda, el almacenamiento
y el tratamiento de la información. Esto todo y nada tiene que
ver con las matemáticas, igual que con la lengua, el inglés
o la geografía.
Todos debemos ser usuarios, "conductores de ordenadores" y no
tenemos que tener más accidentes por no saber mecánica.
Por lo que se refiere al control de la clase, eso si que es independiente
de la materia y de lo que se use para trabajar. Si los alumnos se sublevan
en el aula de informática harán lo mismo en el aula de vídeo,
en un museo o en la clase que usan habitualmente, los ordenadores no les
incitan al desorden.
Pasada la novedad de los primeros días el alumnado trabaja de forma
silenciosa, concentrada y eficaz en el aula de informática. Si
se estructura bien el trabajo, la única labor del profesor o profesora
es solucionar los problemas técnicos que vayan surgiendo, ayudar
a aquellos o aquellas que saben menos y vigilar los ojos y las caras de
todos que asoman por encima del ordenador. Los ojillos achinados y una
sonrisa bobalicona siempre indican que se hallan fuera de donde deben.
Un simple paseo hasta ellos soluciona el problema.
No hay nada que no resuelva el trabajo la experiencia y una gestión
eficaz.
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