CONCURSOS PARA EL PROFESORADO :: REFLEXIONES EN VOZ ALTA
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¿Evoluciona la informática en la enseñanza?
Cristina Pedrajas Rodríguez

Siempre estamos escuchando el tópico de que "la informática avanza a pasos acelerados", "imposible estar al día por lo rápido que avanza la tecnología", o expresiones como "las nuevas tecnologías" para referirse a aplicaciones informáticas normales, cuando ya nada tienen de nuevas.

Mi primer contacto con un ordenador se remonta a veinte años atrás, cuando en mi primer curso universitario un profesor planteó "¿algún alumno intrépido se atreve a comenzar a aprender a programar en BASIC?". Hay que destacar que lo de "alumno" no es por abreviar en las expresiones no sexistas, sino que es totalmente riguroso, ya que ninguna chica tenía el perfil supuestamente intelectual e innovador como para introducirse en el apasionante y masculinizado mundo de los ordenadores -y no computadoras, su sinónimo en femenino.

Yo levanté la mano y ahí comenzó uno de mis mayores jobies y parte de mi futuro profesional. Aquella máquina daba miedo, sólo comparable al microscopio electrónico, apenas si cabía en una habitación. Aquellas unidades de almacenamiento en forma de cintas magnéticas que, con una paciencia a prueba de bombas, debíamos rebobinar, pendientes de que no se liasen, partiesen o rayasen.

En los siguientes años tuve mi propio ordenador, uno de aquellos "Commodore 64", una unidad con teclado que se conectaba al televisor de tu casa y, para almacenar, una unidad de cassette externa. Sí, las mismas cintas de cassettes en que aún grabamos música. Los programitas los tenía que hacer una misma: algún juego como el "Master Mind", alguno para llevar la contabilidad casera o para resolver unos problemas de física.

Pronto llegaron los primeros PCs con su unidad de grabación, externa o interna, en floppy de 5¼ pulgadas, que supusieron una pequeña revolución, a pesar de que a veces te sentabas encima de los discos y los partías. Con ellos, se empezaban a conseguir programas de diversas utilidades, incluso con comienzo de color -bueno, cuatro colores sin más gamas.

Y ya, el "no va más" fueron los diskettes de 3½, que creíamos iban a desaparecer y, 18 años después, aún se usan a diario. Con esta proeza tecnológica de almacenamiento pudimos ver el primer software educativo. ¿Quién no recuerda aquel programa para trabajar con los alumnos la Fotosíntesis, de la editorial SM?, pues ya utilizaba la metodología constructivista, con un laboratorio en el que los alumnos debían diseñar sus propias experiencias para concluir el porqué de determinados procesos observados. La metodología investigativa con el ahorro de tiempo y materiales que suponía el uso del ordenador...; todavía seguimos vendiendo la moto de la misma manera y no hemos ido mucho más lejos, ni en metodología ni en la utilización didáctica de la informática.

A partir de ahí la carrera vertiginosa ha sido por conseguir procesadores más rápidos, más memoria RAM y soportes de almacenamiento con mayor capacidad. Así surge la generación de los Pentium y casi paralelamente los discos compactos y toda la parafernalia en torno a ellos: que si lectores de CD-ROM, que si grabadoras de CDs, que si discos grabables y otros regrabables, que si los DVD, que si las grabadoras de DVD, etc. Con ello se crean multitud de programas educativos, de diversas editoriales -grupo Zeta, SM, Santillana, etc.-, pero no logran en éxito esperado, a pesar de ser un software multimedia, muy vistoso y atractivo para el alumno.

Y la revolución en el mundo de las comunicaciones: Internet. ¿Qué decir de esta red de redes que no se haya dicho?. El volumen de información del que dispone uno, sentado tranquilamente en el sillón de su casa, es tan inmenso que da miedo. Miedo a no saber dónde ir, miedo a que por muchos años que vivas no te dará tiempo a ver y leer ni una pequeña parte de lo que tienes a tu alcance, miedo porque te controlan y tú te das cuenta de que no controlas nada, miedo a que tus hijos o alumnos se impregnen de las influencias negativas y pierdan las buenas costumbres, etc. Pero, a un tiempo, pasión por descubrir, por poder acceder gratuita y fácilmente a tantas y tantas cosas. En Internet no hay ricos ni pobres, no existen las barreras geográficas, no hay horarios ni permisos en la mayor parte de los sites; la información está para todos y a todas horas disponible. ¡Es alucinante!

Sin embargo, ¿en qué ha cambiado o evolucionado la enseñanza, la didáctica de las diferentes áreas curriculares, la metodología que usamos los profesores?. Pues realmente en nada. Los que nos dedicábamos a esto hace ya décadas, suponíamos que la revolución tecnológica-informática cambiaría realmente el modelo.

Ahora podemos encontrar mezclados en un Centro a los "tecnofóbicos", con pánico a lo desconocido, con los que yo denomino "tecno-adictos", que parecen que han encontrado en el software y en internet la solución a todos sus problemas vitales y con los "tecno-prudentes", los de "pruebo un ratito un programita, para no reconocer que soy antiguo, y ya he cumplido hasta otra". En cualquier caso, aún son muy pocos los profesores que utilizan de una forma asidua la informática como recurso en sus materias curriculares, o incluso como fuente de información para documentarse a la hora de preparar sus clases.

Pero, ¿porqué tanto miedo al ordenador?. Seguramente no es la máquina la que asusta, pero sí el que tus alumnos sepan más contenidos que tú de algo. Quizás ya es hora de que nos vayamos dando cuenta que enseñar no es puramente transmitir conocimientos, sino educar, hacer que el alumno desarrolle capacidades que le ayuden a defenderse en esta sociedad. Y las máquinas, que ya se han convertido en imprescindibles en muchos trabajos, nos pueden ayudar a prepararlos. No se merece mayor calificación un alumno que entrega, para un trabajo sobre un tema, decenas de folios perfectamente presentados e ilustrados realizados con herramientas informáticas de última generación, que el que demuestra que ha sabido seleccionar, organizar, redactar, sintetizar y extrapolar la información, aunque su presentación sea de inferior calidad y cantidad. Es esto lo que ahora tenemos que enseñar y evaluar, cómo trabajar con tanta información, y no de cuánta dispone el alumno en su memoria, en sus folios o en sus discos.

El papel del profesor parece haberse hecho más difícil, y sin embargo, tenemos al alcance de la mano una ayuda inestimable todo el tiempo. Lo que hace falta es diseñar materiales que realmente tengan una utilidad didáctica, que nos permitan aplicar metodologías más constructivas, programas y sites webs que ayuden al profesorado a que sus alumnos trabajen determinados conceptos y desarrollen ciertas capacidades, contando de antemano con la motivación del alumno que nos facilitan los aparatos, tan ausente y deseada en las aulas en los últimos tiempos. Faltan foros, como puede ser el de Educared, para que los profesores compartan sus ideas, sus trabajos curriculares, sus experiencias.

Y las Administraciones, ¿qué papel juegan en todo esto?. Ya está bien de pregonar "somos pioneros en nuevas tecnologías" y otras frases similares, sin contenido. Lo que hace falta es de verdad una inversión muy en serio en informatizar las aulas, para que la totalidad del profesorado con todos y cada uno de sus alumnos, puedan utilizar el ordenador como un recurso más en su materia, como una biblioteca de aula, una calculadora o un juego educativo. Y por supuesto, esto debe ir acompañado de una formación al profesor, pero no el típico cursillo de informática, donde se enseña a manejar una determinada herramienta, como el procesador de textos o la hoja de cálculo. No, lo que se debe enseñar es a sacar partido didáctico a la máquina, mostrar webs y programas educativos relacionados con las diferentes materias o temas transversales del currículo, facilitar el atender a la diversidad del alumnado, enseñar a diseñar sus propias webs y ponerlas en el servidor del propio Centro Educativo o en el de la Consejería, utilizar los equipos para que tanto alumnos como padres y profesores puedan intercambiar opiniones e informaciones a través de foros, correos electrónicos y chats diseñados a tal efecto, etc., etc., etc. En esta línea ya estamos algunos trabajando, pero de forma aislada y, en la mayoría de los casos, sin reconocimiento alguno ni forma de dar difusión a nuestros trabajos.

Somos los propios profesores, los que estamos en las aulas todos los días con nuestros alumnos, los que podemos y debemos decir qué contenidos, con que secuencia, de qué forma y con qué metodología deben incluir un software o material educativo, y no las editoriales, que nos venden modelos educativos que nada tienen que ver con lo que los psicólogos del aprendizaje proponen tras estudiar las necesidades pedagógicas reales y actuales de nuestros alumnos.
Así, quiero concluir mi reflexión, diciendo que hemos comenzado a andar por el camino de la utilización de la informática como recurso didáctico y pedagógico, y que los que ya estamos en este tren y convencidos de la gran ventaja que supondrá, debemos convencer a administraciones y compañeros para que se enganchen con ilusión y caminemos todos juntos hacia el futuro, que ya es el presente, de la era de la comunicación, de la tecnología, de la imagen y del sonido. ¡Nuestros niños, nuestros alumnos, ya están en ese tren, subamos con ellos!

Estas mismas frases ya se pronunciaban hace más de quince años...

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