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Tras varios años trasteando con las TIC, con el destornillador
en el bolsillo trasero del pantalón y el CD de Windows siempre
a mano, se me ofrece la oportunidad de compartir alguna de las ideas que
me han surgido en este tiempo.
No es mala la oportunidad, aunque es difícil aprovecharla, porque
en este periodo he ido alternando, y a veces simultaneando, fascinación
con desencanto, fe ciega y escepticismo, ilusión y decepción.
Pero así es la vida ¿o no? Lo cierto es que no es tan fácil
saber lo que uno piensa, así que tal vez sea más productivo
hacerse una serie de preguntas que tal vez a un lector avisado le sugieran
conexiones que a mí se me escapan. Por ejemplo:
¿Por qué sigo usando las TIC
con mis alumnos? ¿Porque me gustan
o porque aprenden más (y sobre todo mejor) con ellas?
Ésta es demasiado difícil, la cambiaremos por:
¿Por qué sigo usando la pizarra?
Porque funciona. Fácil ¿no?
¿Por qué las TIC interesan a
los alumnos (y menos a los profesores)?
Creo que puedo contestarla:
- Las TIC, y en particular los ordenadores, pertenecen a su mundo, y
no tanto al de los profesores.
- Les resultan fáciles. No tanto a los docentes, que no se encuentran
cómodos, especialmente cuando perciben que sus pupilos pueden
encontrarse en una posición de superioridad, sea ésta
real o subjetiva.
- No están pensadas para el uso educativo. Esto es importante.
Los chavales sienten que los ordenadores y todo lo que conllevan pertenecen
al mundo real, que se pueden hacer cosas reales con ellos, muchas de
las cuales saben que les resultan entretenidas. Nadie tiene en su casa
una pizarra de 2.40 m de ancho, pero muchos tenemos ordenador, lo que
quiere decir que no es una herramienta propia de la docencia. Parece
una tontería, pero supone una diferencia en el plano afectivo
importante.
De momento no hemos avanzado gran cosa, pero todo se andará. Vamos
entrando en materia, al estilo de Sócrates:
¿Son útiles las TIC en educación?
Ésta es buena, muy buena, tanto que tal vez me sobrepase. Es obvio
que la respuesta depende del estilo educativo que queramos aplicar, y
de nuestros objetivos. Plantearé un ejemplo sobre una herramienta
tecnológica muy empleada y aparentemente integrada en el currículo:
la calculadora. Puede que nuestro énfasis esté en los algoritmos
tradicionales, el cálculo mental, etc. o puede que prefiramos centrarnos
en la resolución de problemas, y ahorrar tiempo de cálculo.
De esas dos posturas nacen planteamientos diferentes y antagónicos,
en ocasiones. La verdad es que ambas posturas pueden convivir, pero tal
vez sea más importante preguntarse:
¿Tiene sentido la anterior pregunta?
El alumno que se incorpora al mercado laboral, y que necesita hacer cálculos,
usará la calculadora, nos guste o no. No podemos cerrarnos a la
realidad. La educación debe servir al individuo para enfrentarse
al mundo (cada vez más complejo) en condiciones de dominar su entorno,
y que éste le condicione lo menos posible. Tal vez sea momento
de empezar a proporcionar respuestas, o al menos algunas claves:
- Hay que educar el espíritu crítico, tanto para usar
la calculadora como para las TIC. Ejemplo claro de esto es la información
que podemos encontrar en Internet, gran parte de la cual es de muy baja
calidad, cuando no completamente falsa.
- Debemos, como docentes, potenciar la creatividad. De esto sí
estoy, la verdad, bastante seguro. Por supuesto que hay que aprender
a manejar las herramientas, como un procesador de textos, pero no debemos
quedarnos en eso. Hay que ir más allá, buscar que el alumno
utilice esa herramienta para expresarse, para comunicarse, para convertirse
en creador de contenidos. En realidad, las TIC son excelentes para este
fin, pero pocas veces se emplean con esta intención.
Los temores del docente tienen solución, en el marco de esta propuesta,
y enunciaré un par de principios que me parecen constructivos:
- No están obligados a usarlas, por lo tanto no deben sentirse
culpables por creer que no las necesitan, aunque tampoco deberían
creer que no pueden trabajar con ellas.
- No tienen que saber más de nuevas tecnologías que sus
alumnos.
¿Dije un par? Me confundí:
- Sólo tienen que tener una idea clara: los objetivos de la actividad
(con TIC o sin ellas) Verbigracia:
o Supongamos que soy profesor de idiomas y quiero que mis alumnos
se carteen con gente de otros países.
o Puedo usar el correo ordinario, pero me resulta lento y caro.
o Me dicen que el correo electrónico es más rápido
y conveniente.
o Me basta con aprender a usar esa herramienta, y ya puedo comenzar
a utilizarla.
o Resultado: Estoy sacando partido didáctico de las TIC,
sin necesidad de llevar destornillador en el susodicho bolsillo.
Por supuesto que pueden surgir problemas técnicos que dificulten
la actividad, pero para eso están los compañeros ¿verdad?
Y la verdad es que cuando se tiene una idea clara de lo que queremos hacer,
muy pronto dominamos la herramienta adecuada, como aprendimos a usar un
diccionario o una calculadora, y las incidencias disminuyen mucho.
Después de este esperanzador párrafo, en el que llega a
dar la sensación de que es posible trabajar estas herméticas
tecnologías en el aula sin ser un gurú de Windows, retomo
la mayéutica a la par que ilustro mi exposición con un nuevo
ejemplo:
¿Por qué una página web
y no un mural de cartulina? ¿Por qué Educared y no tijeras
y pegamento?
Porque una página web tiene algo que, como docente, me interesa,
y que el mural no tiene. Si esto no se cumple, no tiene mucho sentido
el esfuerzo. ¿Lo tiene? SI:
- Tiene poder de difusión, de comunicación a gran escala.
Nuestra página podrá ser vista en todo el mundo.
- A consecuencia de lo anterior, la implicación personal es mayor,
puesto que la página va a servir como escaparate, incluso como
seña de identidad o de afirmación personal. Esto es valioso
a la hora de motivar al equipo, aunque es cierto que el grado extra
de responsabilidad puede echar para atrás a algunas personas.
Si esto ocurre, podemos quitar peso a la idea de publicar, hasta que
los temores se vayan superando.
¡Basta ya de preguntas! ¡Termina de
una vez!
- Conclusión: La dirección de la corriente está
clara. El mundo laboral demanda personas con formación en nuevas
tecnologías y es inevitable que su uso se extienda cada vez más
y que penetre en las escuelas en consecuencia (todavía estamos
en un estadio muy temprano a este respecto)
- Nuestra responsabilidad: Usemos las TIC o no, debemos enseñar
a nuestros alumnos a servirse de esa corriente de forma productiva y
creativa, a dominar la corriente o al menos, navegar por ella y no a
ser arrastrados.
- Mi propuesta: Fomentar la creatividad y aprovechar el poder de comunicación
de estas tecnologías para producir contenidos propios y valiosos,
y preferentemente publicarlos después.
- Mi despedida: Tengo que ir a formatear un equipo. Hasta otra.
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