Había
una vez en el mar un pececillo de buena familia, tenia mil
ochocientos hermanos, todos ellos de la misma edad; no conocían
a su madre ni a su padre, desde el principio tenían
que arreglárselas a solas. Tenían agua de sobra
para beber; todo el océano. No se preocupaban del alimento,
ya vendría. Cada uno quería tener su propia
historia, bueno, ninguno pensaba mucho en eso.

Los
pececillos nadaban juntos, uno pegados a otros; pero cuando
estaban en lo mejor nadando sin pensar en nada, les cayó
encima, con un estrépito espantoso, una cosa larga
y pesada que no acababa nunca. Todos los peces pequeños,
junto con los grandes, tanto en la superficie del mar como
en el fondo huyeron aterrados.
Peces y caracoles, todo cuanto nada, notó aquella cosa
espantosa, aquella inmensa anguila desconocida que de pronto
les había caído encima.