Hace muchos años había un Emperador tan aficionado
a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir
con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le
gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para
lucir sus trajes nuevos. una vez se presentaron dos truhanes
que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían
tejer las más maravillosas telas.Nada, que se pongan
enseguida a tejer la tela-Ellos montaron un telar y simularon
que trabajaban."Enviaré a mi viejo ministro a
que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es
un hombre honrado y el más indicado para juzgar de
las cualidades de la tela.El viejo y digno ministro se presentó,
pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales
seguían trabajando en los telares vacíos.-¿Qué?
¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó
uno de los tejedores.
-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo
ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué
dibujo y qué colores! Poco después el Emperador
envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar
el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto
lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró
y miró, pero como en el telar no había nada,
nada pudo ver.