Andersen en "Senda".

Colegio Ntra. Sra. de la Fuensanta (Jesús-María) Murcia

 

 

 

HANS CHRISTIAN ANDERSEN- Cuentos

Los Zapatos Rojos (página 1 de 2)

Hubo una vez una niñita que era muy pequeña y delicada. Para el invierno sólo tenía un par de zuecos que le dejaban los tobillos terriblemente lastimados. En el centro de la aldea vivía una anciana zapatera que hizo un par de zapatitos con unos retazos de tela roja para Karen, que así se llamaba la niña. La mujer le regaló el par de zapatos, que Karen estrenó el día en que enterraron a su madre. Precisamente acertó a pasar por el camino del cortejo un grande y viejo coche, en cuyo interior iba sentada una anciana señora. Al ver a la niñita, la señora sintió mucha pena por ella, y dijo al sacerdote:
-Deme usted a esa niña para que me la lleve y la cuide con todo cariño.
Por ese tiempo la Reina estaba haciendo un viaje por el país, llevando consigo a su hijita la Princesa. La princesita salió a un balcón, sin séquito que la acompañara ni corona de oro, pero ataviada enteramente de blanco y con un par de hermosos zapatos de marroquí rojo. Llegó el tiempo en que Karen tuvo edad para recibir la comunión. Le hicieron un vestido nuevo y necesitaba un nuevo par de zapatos. El zapatero de lujo que había en la ciudad fue encargado de tomarle la medida de sus piececitos.

Obsesión por los zapatos rojos

Entre las demás mercaderías había también un par de zapatos rojos como los que usaba la Princesa. ¡Qué bonitos eran!-¡Cómo brillaban! -comentó la señora-. Supongo que serán de charol.
-Sí que brillan y mucho -aprobó Karen, que estaba probándoselos. Le venían a la medida, y los compraron, pero la anciana no tenía la menor idea de que eran rojos, o de lo contrario nunca habría permitido a Karen usarlos el día de su comunión.
Todo el mundo miraba los pies a la niña.Resolvió que en adelante cada vez que Karen fuera a la iglesia llevaría zapatos negros, aunque fueran viejos. Pero el domingo siguiente, fecha en que debía recibir su primera comunión, la niña contempló sus zapatos rojos y luego los negros... Miró otra vez los rojos, y por último se los puso.
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