Desesperados,
los Reinos de Taifas buscan auxilio
La aparición de los Reinos de
Taifas resultó en la pérdida del poder musulmán frente a los reinos
cristianos, que hasta ese momento siempre habían sido los más débiles.
Si los reyes taifas querían sobrevivir debían pagar fuertes
tributos a los reyes cristianos, y aún así eran constante y
frecuentemente atacados. Esta
presión militar y tributaria (impuestos), así como el intento de parar
el deseo conquistador del rey Alfonso VI de Castilla y León llevó a los reyes musulmanes de Badajoz, Granada y Sevilla,
entre otros, a ponerse de acuerdo en pedir auxilio del exterior, y como no
había otra fuerza más próxima que la de los beréberes africanos almorávides,
a ellos llamaron. Al final, el poder almorávide se volvió contra los
propios reinos de taifas, adueñándose de ellos a partir
del año 1090.
Llegan los Almorávides
Los Almorávides
eran miembros de una dinastía que creó un imperio musulmán
norteafricano que dominó al-Ándalus desde finales del siglo XI hasta
mediados del XII. Los almorávides (del árabe al-murabit, hombres
del 'ribat') eran una confederación de tribus beréberes. Entre los años
1055 y 1080, los almorávides conquistaron todo el norte de África. En el
1070 fundaron Marrakech, que se convertiría en la capital de su Imperio.
Tras la conquista
de Toledo (1085) por Alfonso VI, los reyes taifas de Sevilla, Granada y
Badajoz pidieron ayuda al dirigente almorávide Yusuf ibn Tasfin, que
derrotó al monarca castellano en la batalla de Sagrajas (1086). En el año
1090, los almorávides, con el apoyo de los juristas malikíes y del
pueblo, descontentos de sus soberanos, invadieron al-Ándalus y
conquistaron los diversos reinos taifas. Granada se convirtió en la capital de la
España almorávide.
La llegada de los
almorávides y la unificación de al-Ándalus detuvo el avance de los
castellanos. En la batalla de Uclés (1108) derrotaron
al rey castellano, Alfonso VI. Dos años después, en 1110, conquistaron
el reino taifa de Zaragoza, pero su dominio fue breve.
El fin del poder almorávide
En el año 1118 el
rey de Aragón, Alfonso I el Batallador, tomó la ciudad. Esta derrota fue
un momento muy importante para el régimen almorávide en al-Ándalus. En
los años siguientes no consiguieron conquistar Toledo, y Alfonso VII
reanudó la ofensiva castellana, derrotando a los almorávides en diversas
batallas entre 1139 y 1146.
Al
destruirse su
capacidad militar, la unidad de al-Ándalus se quebró dando lugar al
segundo período de reinos taifas. La desaparición del poder almorávide en la Península
Ibérica coincidió con la pérdida de su imperio en el norte de África
como consecuencia de la expansión de los almohades.
El fanatismo almorávide
La
derrota
de los almorávides no se produjo exclusivamente por factores
externos. Su implantación en al-Ándalus tuvo un carácter eminentemente
militar, y el fanatismo religioso (integrismo) que demostraron contribuyó a
deshacer la heterogénea sociedad de al-Ándalus. La
intransigencia de los almorávides llevó a la emigración a numerosos mozárabes
y judíos hacia tierras cristianas, provocó el descontento de la población
y afectó negativamente en el desarrollo de las letras, las ciencias y
la filosofía, que había continuado floreciendo en los reinos de taifas.
preparado
por Lupe
y Victoria
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