
En
el año 711 fue ocupada por los árabes y poco después se convirtió
en la capital de al-Ándalus. Durante la época del Califato llegó a ser
la ciudad más importante de occidente, llegando a tener muchos más de 250.000
habitantes. León, la capital del reino de León, tenía 7.000 habitantes.
La
Córdoba califal era una de las ciudades más populosas del mundo islámico
y la más importante de Europa occidental. El corazón de la ciudad era la
medina, que tenía su propia muralla, levantada sobre la ruina de la
muralla romana. En su interior se encontraban la Mezquita mayor, el alcázar,
el zoco y los baños públicos, además de un eficiente sistema de
alcantarillado.
Era una
de las ciudades con más habitantes en el mundo, la más grande de Europa.
En Córdoba había centenares de mezquitas, baños públicos y magníficas
bibliotecas particulares, que demostraban el amor de los árabes al conocimiento.
Tenía grandes
edificios y bellos jardines. En Córdoba abundaban las
casa de dos pisos, si bien existen registros que hablan de la existencia
de edificios públicos de tres o más pisos. Entre todos sus
edificios destacaba la mezquita mayor.
Sus artesanos y orfebres eran famosos en toda Europa por la calidad
de su trabajo.
Los 21 arrabales que tenía la ciudad se extendían
más de 20 kilómetros fuera de las murallas de la medina, lo que creaba
el espacio para las más de 80.000 tiendas y talleres de artesanos que
poseía, en los que se vendían toda clase de productos. La ciudad
tenía también un próspero mercado de esclavos, y algo que resultaba
único, un mercado de libros, lo que no se podía encontrar en las demás
ciudades de la Europa Occidental de la época.
El
Zoco
Como el resto de las ciudades musulmanas, Córdoba era toda ella un gran
mercado. Los comerciantes y los artesanos abrían sus tiendas en la
calle, en un estrecho y animado corredor que se extendía por casi toda
la ciudad, y ofrecía a sus clientes productos elaborados por ellos
mismos o traídos de todo el mundo. Las sedas y otras mercancías
valiosas se guardaban en la alcaicería, un gran edificio de varios
pisos que servía a la vez de almacén y de hospedería para los
viajeros.
La
actividad comercial era controlada por el Saib al-Suq (el Señor del Zoco),
que vigilaba la cantidad de los productos, comprobaba los pesos y las
medidas, y castigaba los fraudes. También se ocupaba de hacer cumplir
los preceptos y los deberes religiosos y de mantener el orden y la
limpieza en los mercados y lugares públicos.
Los
baños públicos
En
Córdoba había más de 600 baños públicos, reservado a los hombres
por la mañana y a las mujeres por la tarde.
Además de la higiene personal, los musulmanes cuidaban mucho su
aspecto y utilizaban todo tipo de perfumes y tintes. En los baños también
se presentaban estos servicios.
Escuelas
y bibliotecas
Los
cordobeses eran grandes bibliófilos y muchas personas, sobre todo
mujeres, se dedicaban a copia manuscritos para las numerosas bibliotecas
públicas y privadas de la ciudad. La del califa al-Hakam II llegó
a tener más de 400.000 libros, en los que se condensaba todo el saber de
la época.
En
el siglo X, Córdoba se convirtió en el centro de una cultura refinada,
protegida por el califa, que abarcaba todas las ciencias y las artes.
Al-Ándalus estaba culturalmente unida a Bizancio y Oriente, y su
riqueza atraía a intelectuales de todo el mundo conocido.
La capital del Califato, Córdoba,
se convirtió en la capital de la actividad intelectual para todo el
Occidente. Como resultado, todos los europeas que querían obtener
conocimientos científicos y técnicos debían acudir a Córdoba. ¡No
existía alternativa! Entre los conocimientos que se buscaban en Córdoba,
se incluían las matemáticas y la medicina, así como las técnicas para
producción de papel y vidrio.
El
monumento más sobresaliente es su Mezquita, construida durante los siglos
VIII al X. Es un monumento único en Europa por sus características. Es
un edificio fascinante con casi un millar de columnas.
preparado por Loreto y Carlos