Fósiles Vivientes:
Un fósil puede consistir en una estructura original, por ejemplo un hueso, en el que las partes porosas han sido rellenadas con minerales, como carbonato de calcio o sílice, depositados por aguas subterráneas; este proceso protege al hueso de la acción del aire y le da un aspecto de piedra. Un fósil puede ser también una sustancia diferente, como la madera, cuyas moléculas han sido reemplazadas por materia mineral.
El término puede ser aplicado en un sentido más amplio a cualquier residuo de carbono que permanezca con la misma forma que el organismo original, el cual habría experimentado probablemente un proceso de destilación; este es el caso de muchos fósiles de helechos. Los moldes naturales formados tras la disolución por las aguas subterráneas de las partes duras de algunos organismos también son fósiles; las cavidades resultantes se rellenan más tarde de sedimentos endurecidos que forman réplicas del original.
Otros tipos incluyen huellas, restos intactos conservados en terrenos congelados, en lagos de asfalto y en turberas, insectos atrapados en la resina endurecida de antiguas coníferas en la actualidad se denomina ámbar, y excrementos fosilizados conocidos como coprolitos, que suelen contener escamas de peces y otras partes duras de animales devorados. Los estromatolitos son montículos formados por láminas de roca que contienen grandes cantidades de fósiles primitivos y los restos más antiguos de la existencia de vida en el planeta. Se consideran signos de actividad microbiana, concretamente, de sedimentos y sustancias que fueron utilizadas y transformadas por numerosos microbios.

Nematócero atrapado en ámbar
Los paleontólogos han investigado la prehistoria estudiando los restos de insectos atrapados vivos en gotas de resina, como este nematócero. El ámbar es resina endurecida y fosilizada. Se conservan organismos completos atrapados en este medio.

Huellas fosilizadas
Aunque los restos fosilizados de dinosaurios son bastante comunes, las huellas de sus patas, llamadas rastros fósiles, aparecen sólo de forma ocasional. Las huellas dejadas por los dinosaurios sobre barro fino o sobre arcilla, se endurecían por el calor del sol y, en ciertas ocasiones, llegaban a fosilizarse. El examen cuidadoso de estas huellas fósiles, puede revelar información útil sobre la manera en que estos dinosaurios andaban, corrían y cazaban.

Cráneos de dinosaurios
Un examen de los cráneos de un carnívoro, Allosaurus, un herbívoro, Diplodocus, y un omnívoro, Massospondylus, muestra diferencias anatómicas relacionadas directamente con el tipo de alimentación de cada dinosaurio. Los largos y aserrados dientes del Allosaurus, eran adecuados para capturar, reducir y matar a otros animales. Los finos y reducidos dientes, del Diplodocus estaban, en especial, adaptados para arrancar las hojas de las plantas. Los dientes del Massospondylus eran relativamente pequeños, bastos y multifuncionales, adecuados para comer plantas o animales.

Fósil de ammonites
Los extintos ammonites fueron moluscos cefalópodos con una concha que, por lo general, tenía una forma espiral. La extinción de los ammonites coincide con la extinción de los dinosaurios. Habitaban en los mares de todo el mundo, y sus fósiles aparecen en rocas marinas. Debido a su rápida evolución y a su amplia distribución, los ammonites constituyen una herramienta muy útil como indicadores y datadores de estratos rocosos.

Fósil de Archaeopteryx
Archaeopteryx tenía algunas características en común con los dinosaurios, como la cola larga y los dientes, y otros en común con las aves, en particular las plumas y, probablemente, la capacidad de volar. Este fósil hallado en Alemania reproduce el contorno de las alas con plumas (arriba) y la larga cola (abajo). Hasta hoy solo se han encontrado 7 fósiles de Archaeopteryx.