El hallazgo en Kenia de un homínido de hace 3,5 millones de años complica el rastro de los ancestros del hombre
Cuanto más se descubre sobre los orígenes del hombre, menos parece que se entienden. En los últimos 15 años, un torrente de descubrimientos ha doblado la lista de posibles ancestros humanos, pero en lugar de disminuir la confusión, lo que ha hecho es aumentarla. Pisándole los talones al fósil keniano Orrorin tugenensis, según el cual los primeros homínidos serían de hace unos seis millones de años, llega un espectacular descubrimiento de Meave Leakey y sus colegas de los Museos Nacionales de Kenia. El descubrimiento consiste en el cráneo y el rostro destruidos, pero casi completos, de una especie nueva de homínido. La han bautizadoKenyanthropus platyops (Hombre de Kenia de Rostro Plano) y procede de la zona del lago Turkana (norte de Kenia).
El nuevo descubrimiento del famoso equipo de paleontólogos de Leakey enturbia aún más el ya oscuro panorama del pasado del hombre. Lo más sorprendente del rostro de Kenyanthropus platyops es lo humano que parece. Tiene un aspecto muy similar al de un fósil descubierto en los años setenta por Richard, el marido de Meave Leakey, y su equipo, en la costa este del lago Turkana: un cráneo conocido por su número de catálogo, KNM-ER 1470. Aparte de tener un cerebro pequeño, el 1470 tiene un rostro muy similar al humano: plano, en lugar de ser protuberante como el del mono, y con dientes pequeños.
La edad del 1470 fue objeto de controversia durante algunos años. Ahora se sabe que tiene aproximadamente 1,8 millones de años y ha sido asignado a la especie Homo rudolfensis, un grupo muy primitivo del linaje humano. Pero con 3,5 millones de años, el Kenyanthropus platyops es casi el doble de viejo que el 1470, y tan antiguo como otro homínido muy antiguo, Australopithecus afarensis (especie a la que pertenece el famoso esqueleto Lucy).
Sin embargo, mirándolo con más detenimiento, se advierte que el cráneo Kenyanthropus presenta una mezcla de características avanzadas y primitivas. Por ejemplo, su pequeño canal auditivo es más parecido al de los chimpancés y los miembros más primitivos del linaje humano que vivieron en África oriental hace algo más de cuatro millones de años (Australopithecus anamensis y Ardipithecus ramidus). De hecho, en algunos aspectos, el Kenyanthropus es más primitivo que Lucy.
Todo esto indica que en un momento temprano de la evolución apareció un rostro plano, parecido al humano, junto a una variedad de otras formas faciales, y no fue producto del tipo de desarrollo progresivo, lineal y evolutivo que popularmente se imaginaba.
Hasta hace poco se creía que los miembros más antiguos de la familia humana -Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis y especialmente Lucy- podían estar estrechamente ligados a un único linaje. Se pensaba que esta línea evolutiva había surgido de la divergencia entre el linaje humano y el que dio lugar a los monos -en algún momento hace entre cinco y diez millones de años- y de un brote de diversidad entre hace aproximadamente tres y dos millones de años. En aquel momento, una estirpe generalizada de criaturas bípedas, aunque parecidas al mono, se diversificó para convertirse en formas especializadas.
Una forma era el Paranthropus, un grupo de vegetarianos con el cerebro pequeño y la mandíbula grande y trituradora. A esta categoría pertenece el Hombre Cascanueces, descubierto por Louis Leakey (padre de Richard, suegro de Meave) y sus colegas de la garganta de Olduvai, en Tanzania. Otra forma era una criatura más inteligente y con una complexión más ligera denominada Homo habilis descubierta por Louis Leakey, que pudo haber utilizado herramientas, vivió hace unos 2,5 millones de años y es muy parecido al H. rudolfensis.
Pero algunos investigadores consideran que el H. habilis y otras variedades de Homo temprano no representan un tipo de criatura suficientemente diferenciada de la vertiente general del Australopithecus como para merecer su propio género, y menos aún del de Homo, a la que nosotros pertenecemos. No se puede decir lo mismo del Homo erectus, que evolucionó hace unos dos millones de años y que es claramente humano en su comportamiento, anatomía y habilidad para fabricar herramientas. (Las herramientas atribuidas al H. habilis podrían haber sido fabricadas por el Paranthropus o algún otro homínido).
El prestigioso paleoantropólogo Bernard Wood y sus colegas de la Universidad George Washington (EE UU) consideran que H. habilis y H. rudolfensis son más parecidos al Australopithecus. Razonan que, si se incluyen con el Homo, el grupo resulta imposible de definir. Lamentablemente, esta propuesta convierte al Australopithecus en un saco de formas muy diversas, que algún día habrá que separar. Una de las consecuencias de la clasificación de Wood es que el 1470 ya no debería considerarse más cercano al linaje humano que, por ejemplo, el Australopithecus africanus, de Suráfrica. Así, no es posible distinguir a un miembro del género Homo sólo por su cara.
Por esta razón, el equipo de Meave Leakey dudó antes de asignar a su nuevo fósil al género Homo. Llamar Homo a una criatura de la antigüedad del Kenyanthropus habría reavivado el debate sobre la edad del 1470. Pero el equipo también dudó en llamar a su criatura Australopithecus, temiendo que ese género perdiera su sentido por incluir demasiado.
Así que crearon un nuevo género -Kenyanthropus- en el cual sugieren que también podría clasificarse al 1470. Es probable que esta decisión levante muchas cejas, porque crea un linaje previamente desconocido de criaturas de gran antigüedad que tenía un rostro humano, pero que no estaba necesariamente más relacionado con el linaje humano que cualquier otro miembro del Australopithecus. Lo más sensato sería dividir el Australopithecus en unidades más pequeñas y manejables. Pero no parece que haya una forma fácil de hacerlo.