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Son
muchas las ánforas en las que se representaban escenas de hetairas
(cortesanas) satisfaciendo oralmente a un hombre. Otras ofrecen su
trasero, en todo caso dedicaban su vida a satisfacer los deseos sexuales
de los hombres.
Aunque
las hetairas no estaban muy bien aceptadas socialmente, algunas llegaron
muy alto.
La
mayoría de los hombres sólo podía permitirse alquilar una hetaira por
horas. En cambio otros, como el rico Frinio, se las compraban a
perpetuidad. Esto se conoce por las actas de un juicio celebrado en el
siglo IV a. C. Contra su mantenida, Neaira.
En
la vista se reveló que “Frinio iba con ella a todos los banquetes, en
los que se bebía abundantemente, y siempre disfrutaba de ella y yacía
con ella delante de todos, cuando y donde se le antojara.” Claro que
todo tiene un límite. Al parecer, en el año 373 a. C., fueron
invitados a un banquete en Chabrias que iba a traer cola. Al principio,
todo bien. Se discutió algo, se comió mucho y se bebió aún más.
Pero entonces Frinio se quedó dormido y Neaira, borracha, se entregó a
todos los demás hombres de la fiesta, incluidos los servidores. Y hasta
halló placer en ello. Atenas no podía aceptarlo; ambos fueron
condenados.
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