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Penélope (Cruz)

Es una de las heroínas míticas cuya belleza radicaba más en el carácter y la conducta que en el físico. Era hija de Icario, un príncipe espartano. Odiseo (Ulises), rey de Ítaca, aspiraba a casarse con ella y derrotó a todos sus competidores. Cuando llegó el momento de que la novia abandonara la casa de su padre, Icario, al que se le hacía insoportable la idea de ver partir a su hija, trató de persuadirla para que se quedara con él y no acompañase a su esposo a Ítaca. Penélope Cruz, tejedora de sueños Odiseo dejó que Penélope eligiera si quería quedarse o marcharse con él. Penélope no contestó y dejó caer el velo sobre su rostro. Icario no insistió más y cuando se hubo marchado levantó una estatua a la modestia en el lugar donde ella partió.

Odiseo y Penélope no habían disfrutado de su matrimonio más que un año, cuando fue interrumpida por los acontecimientos que reclamaron a Odiseo su participación en la guerra de Troya. Durante su larga ausencia y cuando se tenían serias dudas sobre si aún vivía y se consideraba altamante imporbalble su regreso, Penélope fue importunada por numerosos pretendientes de los cuales era imposible librarse salvo eligiendo a uno de ellos como marido. Penélope, en cualquier caso, empleó todos los trucos para ganar tiempo, esperando aún el retorno de Odiseo. Uno de sus trucos fue la confección de una túnica para el palio fúnebre del padre de su esposo, Laertes. Ella prometió elegir a uno de sus pretendientes cuando estuviera terminada la túnica. Durante el día trabajaba en la tela, pero por la noche deshacía el trabajo que había hecho por el día. Ésta es la famosa tela de Penélope, que se usa como expresión proverbial para referirse a cualquier trabajo que se hace constantemente, pero no se termina nunca. Tal vez su amor por Odiseo le impedía acabarlo.

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