EXTINCIÓN

El mayor depredador de las ballenas es, sin duda, el hombre. Hemos llegado a extinguirlas  casi por completo. Esto no quiere decir que no podamos hacer uso de este recurso biológico pero solo si lo cuidamos al mismo tiempo.

Gracias a muchos científicos y a otras asociaciones desinteresadas, las medidas de protección adoptadas por la Comisión Ballenera Internacional permiten el mantenimiento e incluso el desarrollo de ciertas poblaciones de rorcuales.

A partir de un acuerdo hecho hace años, las capturas fueron disminuyendo, más que por las leyes, por la desaparición de estos animales.

Quizás la suerte de las ballenas este en la industria química, que va sintetizando los productos que, hasta ahora, se elaboraban a partir de las ballenas.

 

VARAMIENTO

Nadie sabe el número de ballenas que han muerto en las playas a lo largo de la historia. Sin embargo, se está comprobando que este trágico fenómeno se está acelerando a un ritmo preocupante.

Las causas mas probables pueden ser:

  • La contaminación por algas tóxicas que hace que estos animales busquen aguas poco profundas.
  • La desorientación; los cetáceos son, en su mayoría, gregarios y viajan por los océanos siguiendo el camino marcado por el cabecilla del grupo. Si éste se pierde, todos están perdidos.
  • Radares y tormentas: Los radares y sonares militares perturban el ecosistema marino, emitiendo lo que para las ballenas y su brújula de grasa son falsas señales. Las tormentas también alteran los campos magnéticos, como lo hacen asimismo las fuertes descargas eléctricas de las explotaciones petrolíferas marinas. Las sustancias químicas vertidas al mar afectan asimismo al oído interno y a la percepción de los ultrasonidos.