Un día, al entrar a la escuela, Don Bernardo, que así se llamaba el maestro, observó que faltaba Daniel. Los demás le dijeron que no había venido porque su padre se encontraba mal.
Por la tarde, como era un pueblo pequeño y se conocían todos, se acercó a su casa a visitarle, pero la cosa parecía más grave de lo que el pensaba.
Tenía unos síntomas muy extraños, mucha fiebre y palidez en el rostro. Don Bernardo no quiso alarmar más a la familia, pero rápidamente pensó que pudiera tratarse de aquel peculiar tipo de leche que no había visto jamás en ningún otro sitio.
Después de salir de la casa, había quedado con Don Fermín que era el cura del pueblo, con Simón el panadero que a esas horas ya había acabado su faena, y con Don Tomás, que hacía las funciones de médico general. Habitualmente se reunían en el bar de la plaza para echar la partida.
Les contó lo que pensaba y quería saber también cuál era su idea, especialmente la de Don Tomás, que dijo que probablemente pudiese haber algún tipo de bacteria.
Todos creyeron aconsejable por el momento paralizar la producción de la leche hasta ver qué se podía hacer. Mientras tanto, pensaron en reservar un número de vacas para otros pastos, pues la investigación podría durar algunos meses.
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si quieres que D. Bernardo investigue si quieres que intervenga el Inspector de Sanidad