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Los insectos polinizadores han seguido cumpliendo su función vital para los ecosistemas, pero desde la aparición de la agricultura, ésta tiene una nueva dimensión. La polinización entomofila de las plantas cultivadas por el hombre permite la obtención de semillas y aumenta la calidad y cantidad de los frutos. Por ser esta función necesaria e insustituible en la mayoría de los casos, es conveniente protegerla. Proteger a los insectos polinizadores, entre los cuales el más emblemático es la abeja melífera, es sinónimo de proteger el medio natural y garantiza la viabilidad de muchos de los recursos agrarios y ganaderos. |
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