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Según me contó mi abuelo Tonet era de un pueblo de Valencia. Tenía una novia en un pueblo que estaba a tres horas de camino y un hermano medio tonto. Un sábado en que Tonet iba a ver a la novia sus padres le obligaron a llevar con él a su hermano Vicente a pesar de todas sus protestas ya que los padres de su novia le habían dicho muchas veces que lo llevara. Como el pueblo estaba lejos y había que ir caminando, cuando iba los sábados a ver a su novia, se quedaba a dormir en su casa hasta el día siguiente. Tonet pensó que Vicente podía hacerle una de las suyas y acabar enfadando a su novia Carmina así que mientras iban de camino le estuvo aleccionando. -Vicente- decía- cuando nos sentemos a cenar como yo sé que eres un glotón y eres capaz de ser un maleducado y hacerme quedar mal, vas a hacerme caso de lo que yo te diga, porque de otra manera no volverás nunca más conmigo. Cuando yo crea que ya has comido bastante te daré una patada por debajo de la mesa y, aunque te ofrezcan más, tú di que ya no tienes hambre y que has comido bastante. - ¡Vale, vale!, que soy tonto pero no tanto - contestó Vicente. Hablando, hablando llegaron a casa de Carmina y después de charlar durante un rato, al caer la tarde, se sentaron a la mesa a cenar. Resultó que aquel día habían preparado para cenar fideuá que era uno de los platos favoritos de Vicente. Y empezaron a cenar tranquilamente. En casa de Carmina tenían un perro doberman muy grande y pesado que andaba dando vueltas por debajo de la mesa a ver si alguien le daba algo de comer. En una de aquellas pisó a Vicente y éste creyó que era su hermano que le decía que ya había comido bastante y se dijo para sí - que te crees tú eso, pero si acabo de empezar a cenar y además la fideuá es de lo que más me gusta-. Y siguió comiendo como si tal cosa. Un poco más tarde el perro volvió a pisar a Vicente y éste pensó - caramba, hermano, ¡con lo buenas que están!, pero tendré que obedecer porque sino no me volverás a traer- y dejó de comer. Cuando vio la madre de Carmina que Vicente había dejado de comer lo animaba para que comiera más: - Pero Vicente, ¿Qué es que no te gusta?. Como más ¡anda! que hay mucha. - ¡ No, no! es que ya no tengo más hambre, gracias.- decía Vicente. - ¡Pero Vicente, si es tu plato favorito! ¡Anda, como un poco más!- le decía su hermano Tonet. - Si será cínico- pensaba Vicente - me dice que coma más pero no dejas de darme patadas por debajo de la mesa, pues yo voy a obedecer y no como más. - No, no, es que no tengo hambre- dijo Vicente. Cuando acabaron de cenar, como era de noche y entonces no había luz eléctrica, se fueron a la cama. Pero a medianoche Vicente se despertó hambriento y pensando en la fideuá que no se había podido comer por culpa de su hermano. Y despertó a Tonet. - ¡Tonet, Tonet!- dijo. - ¿ Qué te pasa?- contestó Tonet. - Es que tengo hambre. - ¿Que tienes hambre? Pero si te dijimos que comieras más y no quisiste.- le contestó Tonet. - ¿ Qué dices? Pero si me estuviste dando patadas por debajo de la mesa hasta que me cansé y dejé de comer para que no me regañaras. - Pero si yo no te dí ninguna patada... Ya sé lo que pasó, debió de ser el doberman que andaba dando vueltas por debajo de la mesa. Seguro que te pisó y tú pensaste que era yo que te avisaba - dijo Tonet. - Vale, pero yo tengo mucha hambre, ¿qué hago?- decía Vicente. - Mira, te vas a la cocina que allí está la cacerola con toda la fideuá que sobró, comes lo que quieras hasta que revientes, luego te lavas, vienes a dormir y me dejas en paz. - ¡Vale!. Y Vicente se fue tanteando hasta la cocina, encontró la cacerola pero como iba a oscuras y sólo veía lo poco que alumbraba la luna no encontró un tenedor ni una cuchara con que comer así que se hartó de comer fideuá con las manos . Cuando acabó buscó el cántaro que tenían siempre lleno de agua del pozo ( en aquellos días tampoco había agua corriente en los grifos) y metió las dos manos a la vez en el cántaro y como tenía la boca estrecha cuando quiso sacarlas no pudo. -¿Qué hago ahora si no puedo sacar las manos?- pensó Vicente- tendré que despertar a Tonet para que me ayude. Vicente se fue hasta la habitación con las manos metidas en el cántaro y despertó a Tonet. Éste se enfadó mucho y como ya estaba harto de su hermano se levantó, cogió una lámpara y le dijo: - Vamos al patio a buscar una roca para que golpees el cántaro contra ella y así puedas sacar las manos cuando se rompa, a ver si podemos dormir de una vez. Salieron al patio y a la luz de la lámpara encontraron una roca contra la que golpear el cántaro. Vicente le dio con todas sus ganas y el cántaro se rompió con un gran ruido en medio del silencio de la noche. El perro se puso a ladrar. Al oír el ruido se despertó el padre de Carmina y al ver la luz en el patio y oír los ladridos del perro cogió la escopeta y salió disparando y gritando: - ¡ A los ladrones, a los ladrones ! Vicente y Tonet echaron a correr y creo que.... todavía no han parado.
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La Autora |
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Esta historia la ha escrito Arancha, de quinto curso de Primaria. Una de las componentes del equipo de la página. La historia me la contó nuestro profesor Jaime Borrás. Dice que se la contaba su padre cuando él era pequeño.
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