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Las especiales características de desarrollo y socialización de los adolescentes, así como la competencia feroz de los medios audiovisuales en tanto que forma de entretenimiento, alejan a los jóvenes de las bibliotecas y los acercan a los cibercafés
Según el informe Barómetro 2005 sobre hábitos de lectura y compra de libros, encargado por la Federación de Gremios de Editores de España, el 43% de las personas de 14 y más años confiesa "no leer nunca o casi nunca". No obstante, un análisis detallado de las cifras permite descubrir que es precisamente el sector de población de entre 14 y 24 años el que mayor porcentaje de lectores frecuentes (los que leen al menos una vez a la semana) presenta. ¿Qué indican estas cifras? A grandes rasgos, señalan que los adultos españoles no somos precisamente el mejor ejemplo para nuestros hijos en materia de promoción de la lectura. Es más, los últimos datos recabados por la Federación de Gremios de Editores de España (abril de 2006) señalan que los niños leen más que los adultos. Es preciso, sin embargo, analizar estas cifras con prudencia, ya que en el caso de los escolares, no se discrimina el tiempo dedicado a la lectura como actividad lúdica de la obligación impuesta por las clases.
Así, no debe extrañar que, según los últimos informes PISA, los alumnos españoles estén a la cola de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en materia de comprensión lectora: el 21% de los estudiantes son incapaces de alcanzar el nivel básico en lectura (igual que ocurre en matemáticas). Además, la situación es también alarmante en lo que respecta al nivel de excelencia, que sólo alcanzan un 1'4% nuestros escolares, situándose en uno de los rangos más bajos (la media de la OCDE está en el 5%).
Las estadísticas corroboran el difícil momento en el que se encuentra el hábito de la lectura entre los menores: en 2005, sólo el 21'8% de los niños de entre 6 y 11 años afirma leer todos o casi todos los días fuera de las obligaciones escolares. |
| Los beneficios de la lectura |
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Sin lugar a dudas, difícilmente se sentirán atraídos nuestros hijos por la lectura si no disponen en su hogar del ejemplo de su propia familia. Es fundamental que los padres se esfuercen por encontrar, al término de su jornada laboral y en un ambiente familiar, un hueco de sosiego y reflexión para dedicar a la lectura.
La práctica de la lectura desde edades tempranas proporciona múltiples beneficios para los chavales, tanto a nivel de rendimiento escolar como en lo que respecta a su desarrollo personal. Los pedagogos coinciden en afirmar que es en la primera década de la vida cuando más fácilmente pueden adquirir las personas el hábito de la lectura; en esta primera etapa se tiene la mejor ocasión para asimilar el placer de leer como una necesidad y un motivo de disfrute.
Por otra parte, compartir la lectura con los niños ayuda a establecer lazos entre padres e hijos. Leer en voz alta cuentos infantiles es una práctica que a menudo crea momentos memorables, ya que es una ocasión única para apreciar cómo brota la curiosidad y la inteligencia en los más pequeños, propiciando el desarrollo de la comprensión en los niños y dando lugar a los primeros intercambios de ideas. En una etapa de continuo aprendizaje por parte de los niños, la lectura contribuye también a incrementar su vocabulario, expandir sus intereses y desarrollar su personalidad.
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