En la mayor parte de los casos, sobreprotegemos a nuestros hijos y somos incapaces de establecer unos límites y mantenerlos. A continuación os ofrecemos algunos consejos que os pueden ayudar a educar a vuestros hijos e hijas huyendo del permisivismo y la sobreprotección.
Dedicad más tiempo a los hijos. Muchas conductas de los hijos no se controlan simplemente porque los padres no están disponibles para atenderles. Tenéis que ser capaces de combinar el ejercicio de la disciplina con el cariño.
Enseñad a vuestro hijo que rebasar los límites establecidos puede traer consecuencias proporcionadas y, a poder ser, inmediatas, para que el niño lo entienda perfectamente. Pactad los límites a establecer y las consecuencias con los hijos.
No cedáis cuando vuestro hijo intente comprobar hasta dónde puede llegar la "debilidad" de los padres. No obstante, cuando sea conveniente, según la edad y las circunstancias de cada hijo, sed flexibles.
Ayudad a vuestro hijo a valerse por sí mismo, valorad sus logros e incentivadlo a que se independice. Por ejemplo, motivadlo a subirse al tobogán sólo, a hacer un rompecabezas o a llevar su plato a la cocina. Son pequeños retos que harán que se superen constantemente.
Evitad dárselo todo hecho al niño; dadle espacio para que resuelva sus propios conflictos y tenga iniciativa.
Estableced una rutina y unas normas a seguir razonables y sed claros respecto a lo que queréis que haga vuestro hijo.
Confiad en que vuestro hijo hará lo correcto dentro de los límites marcados según su edad y nivel de desarrollo.
Los padres somos un ejemplo para los hijos. Por ello, recordad que nuestra forma de ser tiene que estar siempre en consonancia con aquello que les inculcamos. Por ejemplo, si esperáis que crucen la calle con el semáforo en verde, hacedlo también vosotros
Dejad que vuestro hijo experimente las consecuencias de su conducta. Por ejemplo, si se pone a saltar sobre la cama recién hecha, haced que vuelva a hacerla en vez de hacerla vosotros.
Aprended a decir "no". El estilo comunicativo de los padres debe estar acorde con sus palabras, es decir, el lenguaje verbal y el lenguaje no verbal no deben contradecirse.