Los padres tenemos la obligación de educar a nuestros hijos con valores que fomenten el diálogo y el respeto. Así evitaremos que sucedan casos de acoso escolar o rebeldía en casa. Te damos algunas sugerencias para enseñarles a resolver los conflictos en su vida diaria.
Ayúdale a crecer sintonizando con los sentimientos de los demás, tratando de entender cómo se siente la otra persona, respetando las diferencias y haciéndole entender la riqueza de la diversidad. Enséñale a rechazar las discriminaciones por razones de sexo, raza, estatus social o discapacidad y a aceptar las diferentes formas de pensar.
Anímale a defenderse con la palabra y a exponer con decisión aquello que le esté molestando. Esta práctica estimulará su capacidad crítica para que tenga una opinión propia y reforzará su autoestima.
Dale modelos positivos: demuestra que el comportamiento de los adultos en casa no es de acoso ni agresividad y que los conflictos se resuelven pacíficamente.
Busca la comunicación con tu hijo desde edad temprana: escúchale y genera confianza. Puedes empezar con temas cotidianos; esto favorecerá la comunicación cuando haya algo que realmente le preocupe.
Enséñale que ante la diferencia de opiniones hay que a escuchar lo que la otra persona dice y lo que quiere decir.
Ayúdale a tener respuestas adecuadas en el caso de que le molesten o le intimiden: no le aconsejes que tome la revancha. Explícale la diferencia entre una respuesta asertiva (seguridad en sí mismo, firme) y una agresiva (violenta, beligerante, hostil).
Intenta que se desarrolle todo lo posible por sí mismo: no le sobreprotejas, permítele que afronte los dilemas y conflictos con sus compañeros de acuerdo con sus capacidades, pero mantente cercano e intervén es necesario.
Ayúdale a saber encajar las bromas: en niños y adolescentes, las burlas pueden ser origen de una discusión. Enséñale a dar respuestas alternativas a su forma habitual de responder a aquello que le resulta incómodo. Dile que puede dar contestaciones elusivas, manifestar su desacuerdo sin enfadarse o irse a otra parte cuando el ambiente se haga demasiado tenso.