Llegar a casa del trabajo y establecer una charla con nuestros hijos no siempre resulta tan fácil como parece ya que diversos factores pueden entorpecer el clima idóneo para hablar, como por ejemplo el hecho que, en ocasiones, niños y jóvenes no estén por la labor de comunicarse con sus padres. Aprender a comunicarnos forma parte de la educación que los padres debemos establecer en el entorno familiar para conseguir ser capaces de dialogar sobre cualquier tema y circunstancia y, con ello, estrechar el vínculo entre padres e hijos. En el reportaje de este mes en Entre padres analizamos los beneficios de una buena comunicación familiar y repasamos algunas pautas para aprender a comunicarnos con nuestros hijos.
EN ESTE REPORTAJE:
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"Me cuesta comunicarme con mi hijo, y eso que me intereso mucho por lo que hace, pero nunca sigue mis consejos ni confía en mí cuando tiene problemas." Seguramente muchos padres y madres hemos vivido esta situación alguna vez y no hemos sabido como resolverla. Escuchar atentamente es el primer paso que nos permitirá conocer qué preocupa al niño y cuál es su estado emocional.
El mundo emocional del niño es tan o más complejo que el del adulto, lo que dificulta el entendimiento entre ambos y hace imprescindible que los padres aprendamos el arte de la comunicación para garantizar que decimos lo que queremos decir y, a la vez, escuchamos lo que realmente el niño siente y quiere decir. Esto puede parecer una nimiedad pero en las relaciones cotidianas, los conflictos, la sobrecarga de trabajo y el cansancio ponen las relaciones entre padres e hijos en constante jaque.
Si el diálogo es importante en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación en la familia. Cuando existe la comunicación en una familia, habrá sobretodo un respeto mutuo y unos valores más asentados. Sin embargo, crear este clima de comunicación en la familia, no es así una tarea tan fácil.
Falta de voluntad por parte de los interlocutores, falta de respeto mutuo, rechazo… Según los expertos, diversas actitudes tanto de los padres como de los hijos impiden establecer una comunicación fluida y sincera en el seno familiar.
Por un lado, uno de los mayores impedimentos para la comunicación es la impaciencia de algunos padres para poder incidir educativamente en la conducta de sus hijos. Es importante pues, que los padres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse. La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones: la televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.
Por otro lado, diversos obstáculos también impiden la comunicación en la familia:
Es importante pues, ayudar a los hijos con prácticas, es decir, introduciendo mecanismos que faciliten la comunicación en casa.
A pesar que no existe una regla básica para mejorar la comunicación en la familia, ya que en cada casa se habla un lenguaje único, sí debería existir la voluntad, el interés y la disponibilidad por parte de los padres para mejorar la comunicación.
Los expertos coinciden en recomendar pequeños consejos que ayudan a mejorar la comunicación entre padres e hijos. Por ejemplo, en lugar de ordenar, pedir la opinión de los niños y darles la información de forma positiva, aprender a ponernos en su lugar, escucharles con atención e interés, compartir nuestros sentimientos, etc.
A continuación, explicamos más detenidamente algunas de estas sugerencias:
Diversas actitudes tanto de los padres como de los hijos impiden establecer una comunicación fluida y sincera en el seno familiar. Es importante pues, que los padres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.
Según el psicólogo Kevin Steede, en su libro "Los 10 errores más comunes de los padres y cómo evitarlos", existe una tipología de padres según su manera de expresarse y comunicarse. Steede hace un repaso de los errores que cada tipo de padres suele cometer a la hora de dirigirse a sus hijos.
Para no caer en alguna de estas formas de comunicación con nuestros hijos, Steede aconseja mantener una comunicación abierta, basada en la capacidad de escuchar activamente. Esto supone estar dispuesto a captar los sentimientos del niño, la profundidad con que le ha afectado el problema y la necesidad, manifiesta o no, de hablar de cómo se siente. Y también supone respetar y aceptar al niño tal y como es, sin etiquetarlo ni rechazarlo por lo que siente o hace. Sólo así nuestros hijos serán capaces de confiar en nosotros, haciéndonos partícipes de sus pensamientos y de sus sentimientos.