Hoy en día, el consumo se ha convertido en mucho más que la función destinada a satisfacer las necesidades de las personas a través del uso de bienes y servicios. Somos lo que comemos, es cierto, pero también somos lo que compramos. Por eso resulta de vital importancia que los padres trasmitan a sus hijos una educación para un consumo consciente, responsable y solidario que les ayude a mantener una buena calidad de vida y un bienestar psicológico y material razonable. En el monográfico de este mes de "Entre padres" repasamos las claves de un consumo responsable y la adquisición de buenos hábitos de consumo.
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La educación de los consumidores en unos buenos hábitos de consumo incide directamente en la consecución de una buena calidad de vida. Esto implica que los consumidores son una parte activa muy importante en el proceso de producción económica de la sociedad y que sus decisiones de compra pueden determinar desde la reducción de la contaminación del medio ambiente, hasta la prevención de riesgos en su salud, pasando por la educación de los menores en la cultura del consumismo. Un consumo consciente, solidario y responsable está al alcance de todos con algo de voluntad y reflexión a la hora de ir de compras.
El consumo responsable de productos y servicios no sólo ayuda a recortar gastos y a evitar deudas, sino que también incide directamente a la hora de conseguir una buena calidad de vida. Nuestra salud y la de nuestra familia dependen de un entorno adecuado y un ejercicio físico regular, entre otros factores, pero sobre todo viene determinada por la ingesta habitual de una dieta saludable. El primer paso de toda alimentación familiar equilibrada empieza en el supermercado.
Un consumo marcado por la necesidad apremiante de satisfacer deseos individuales y los nuevos estilos de vida, condicionados por la falta de tiempo, hacen que comer sano y equilibrado no sea nada fácil. Pese a que el consumidor tiene más información que nunca sobre las propiedades nutricionales de los alimentos que compra, los trastornos alimentarios como obesidad, bulimia y anorexia, no paran de aumentar entre la población.
Las últimas encuestas sobre hábitos de compra de comestibles reflejan datos sobre un consumo elevado de platos precocinados, que están presentes en un 20% de las comidas y las cenas, y que el 15% de los encuestados reconoce que llena el carro de la compra con lo que le apetece. Las patatas, el pan, los huevos y las frutas son los alimentos más apreciados y aunque el pescado azul, las hortalizas, las legumbres y las verduras son más saludables, se consumen en menor medida que los anteriores porque gustan menos.
El carrito de la compra debe llenarse según un plan de dieta sana y equilibrada, siguiendo una ordenada lista preparada en casa y sin sucumbir a las tentaciones de las compras compulsivas, los caprichos o la abundancia sin sentido.
Unos buenos hábitos de consumo también pasan por procurar un consumo responsable con el medio ambiente. Cualquier pequeño gesto de los consumidores, por muy sencillo que sea, a la hora de pensar sus compras desde el punto de vista de sostenibilidad de los recursos del planeta incide directamente en la mejora de su entorno.
Ir a la compra con carrito o cesto para reducir el consumo de bolsas de plástico, elegir un vehículo por su bajo consumo de combustible o comprar una lavadora que economice en agua y electricidad, son algunas de las opciones que contribuyen a la conservación del planeta. El consumidor responsable sabe seguir los principios de "las tres erres":
Los padres pueden educar a sus hijos en estas pautas de consumo responsable explicándoles la importancia de no despilfarrar el agua, apagar las luces cuando se sale de una habitación, reutilizar libros y ropa de sus hermanos mayores, etc. Incluso es posible ampliar la teoría de "las tres erres" animando a los menores a regalar todos aquellos objetos que ya no necesiten y que puedan servir a otras personas.
El consumo sostenible no sólo es aquel que reduce el desgaste de los recursos naturales y disminuye las emisiones de desechos y contaminantes, sino que también se refiere a interiorizar unos hábitos de consumo más ecológicos. Por ejemplo, optando a una dieta rica en productos procedentes de la agricultura ecológica o consumiendo productos locales y de temporada.
Un consumo consciente, responsable y solidario puede ser la clave para mejorar la calidad de vida de las familias y de su entorno.
Una vez superados los prejuicios y el desconocimiento que se suele tener hacia las adquisiciones a través de la red, cada vez son más los consumidores que pierden el miedo a llenar la cesta de la compra por Internet, porque comprar sin salir de casa tiene sus ventajas. El comercio online, o e-commerce, ofrece buenas oportunidades de ahorro de tiempo y dinero, de una forma segura y con confianza. Sin embargo, es importante aplicar también aquí unos principios básicos de consumo responsable para realizar una compra online inteligente y sin riesgos.