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Un grupo de investigadores australianos está
barajando la posibilidad de enterrar, en reservas
mineras abandonadas, un millón de toneladas de
dióxido de carbono. De esta manera, se podría
terminar o, por lo menos, reducir la cantidad de
gases que amenazan y perjudican el estado de la
atmósfera, según han explicado los investigadores.El hecho de que Australia
esté estudiando esta posibilidad sorprende, ya que
se encuentra entre uno de los países que rechazó
suscribir el protocolo de Kyoto, en el que los
países industrializados garantizan reducir sus
emisiones de gas.
Los científicos
aseguran que antes de poner en marcha cualquier plan,
deberán llevarse a cabo experimentos de, por lo
menos, 5 años de duración, para garantizar el
éxito del plan.
Si éste se
cumpliera como se pretende, se conseguiría separar
el dióxido de carbono de los demás gases, e
introducirlos a un kilómetro bajo tierra, donde
permanecería neutralizado.

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