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Dos investigadores de la Universidad de Cartagena,
Toribio Fernández Otero y María Teresa Cortés, han
desarrollado un músculo artificial con sensibilidad
al tacto. El nuevo músculo sirve para maniobrar
extremidades robóticas. Es, a la vez, un sensor del
tacto que aplica la energía necesaria en cada
ocasión. Sería capaz de levantar objetos muy
pesados o de sujetar un huevo sin romper su cáscara.
Las
aplicaciones del nuevo músculo se consideran
inmensas, porque abren las puertas a máquinas
robotizadas con tacto. Éstas permiten hacer trabajos
de precisión en lugares de difícil acceso para el
hombre, como el espacio o las profundidades marinas.
Este avance está
realizado con polímeros conductores. Los
investigadores utilizaron un plástico denominado
polipirrol en dos capas conductoras y, en medio, una
película adherente por las dos caras. De esta forma
se comporta un músculo natural que se contrae y se
expande.

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