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Las autoridades italianas han lanzado la voz de
alarma en vista del ritmo frenético con el que la
población de Venecia está abandonando la cuidad. La
proliferación del turismo (con una media de 12
millones de visitantes al año), ha provocado que
muchos venecianos vendan su residencia habitual a las
cadenas hoteleras o, simplemente, la reconviertan en
hostales y pensiones. A modo de ejemplo, sólo hay
que constatar que en los últimos 3 años, la cifra
de pensiones ha pasado de 59 a 455. Durante siglos, para Venecia
el peligro procedía de los canales, las mareas y las
periódicas subidas del nivel del agua. Ahora el
riesgo principal es que la ciudad se despueble, como
lo demuestra el hecho que en los últimos 30 años
Venecia ha perdido 100.000 habitantes. Todo ello
repercute en una disminución en el número de
oficinas, escuelas y servicios, y un aumento en los
negocios dedicados a las pizzas, el cristal de Murano
y otros souvenirs. Ante esta situación, las
autoridades italianas están intentando evitar, por
todos los medios, que la ciudad se convierta en un
gran decorado dedicado exclusivamente a los turistas.

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