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En el encuentro celebrado el 11 de mayo de 2003, el
Barcelona ha conseguido por fin el trofeo más
preciado, quedando como campeón de la final de la
liga europea de baloncesto, y de la mejor manera
posible: en su ciudad, en el Palau Sant Jordi y
frente a un magnífico Benetton de Treviso. Fue un partido en el que los
catalanes dieron lo mejor de sí mismos. Tuvieron en
Bodiroga al gran jugador que todos esperaban (20
puntos y 8 rebotes) y Fucka, el otro gran fichaje de
la temporada, respondió en su justo momento (17
puntos y 6 rebotes).
Los azulgrana y el
baloncesto tenían una deuda pendiente que ha tardado
19 años en saldarse. Una historia nacida en 1984, y
hasta ahora nunca resuelta. Por fin se ha cerrado una
herida que escocía al barcelonismo, a sus grandes
jugadores y al entrenador que lo intentó hasta el
final (Aito García Reneses). Una deuda que podía
haberse saldado en 1996, cuando dos árbitros
(Dorizon y Virovnic), se equivocaron al no conceder
una canasta válida a Montero que suponía el
título.

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