La
Asamblea General de las Naciones Unidas decidió, el 22
de diciembre de 1993, declarar el 22 de marzo de cada año
como Día Mundial del Agua, en conformidad con las recomendaciones
de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo. Se invitó entonces a los diferentes Estados
a consagrar este día, en el marco del contexto nacional,
a la celebración de actividades concretas como el fomento
de la conciencia pública, a través de la producción
y difusión de documentales, y la organización de
conferencias, mesas redondas, seminarios y exposiciones relacionadas
con la conservación y desarrollo de los recursos hídricos,
entre otros aspectos.
Los informes indican que en todas las regiones del mundo existen
hoy en día problemas de contaminación y disminución
de los recursos hídricos. La situación es motivo
de particular alarma en algunas zonas, y la respuesta debe consistir
en prácticas políticas más prudentes de preservación
de los recursos.