
La Organización de Naciones Unidas (ONU) celebra cada 9 de
julio el Día Internacional de la Destrucción de Armas
de Fuego. Esta conmemoración se instauró de acuerdo
con lo dispuesto en la Conferencia Internacional de las Naciones
Unidas sobre el Comercio Ilícito de Armas Pequeñas
y Ligeras en Todos sus Aspectos, que se celebró en Nueva
York entre el 9 y el 20 de julio de 2001. Desde hace años,
se destruyen miles de estas armas de fuego como acción reivindicativa
del día internacional, bajo la campaña Armas bajo
Control, promovida por Oxfam, Amnistía Internacional y la
Red Internacional de Acción sobre Armas Pequeñas (IANSA).
A pesar de este gesto, son conscientes que se producen diez armas
de fuego nuevas por cada una que se destruye.
Las armas de fuego son ligeros instrumentos de destrucción
masiva, puesto que matan a más de medio millón de
personas en el mundo cada año, una cifra que supera el
número de bajas producidas por las armas de guerra convencionales
como tanques, aviones de combate o barcos de guerra. Actualmente,
se calcula que existen unos 640 millones de armas pequeñas
y ligeras, lo que supone tener un arma por cada diez habitantes
de la tierra. Revólveres y fusiles, pistolas y morteros,
granadas de mano, pistolas antitanques y lanzadores de misiles
portátiles son armas letales relativamente baratas, fáciles
de llevar y de ocultar, y fáciles de manejar. Esto hace
que las armas ligeras sean particularmente susceptibles para el
tráfico ilegal, hechos que se reivindican cada 9 de julio.