
Ayer, 2 de junio y tras 2.323 días de cautiverio, la ex candidata
a la presidencia de Colombia, Ingrid Betancourt, fue liberada por
el Ejército de su país, junto a otros catorce rehenes,
en la operación denominada Jaque, que se desarolló
a 72 kilómetros de San José de Guaviare, al suroeste
de la selva colombiana. El operativo que ha permitido el rescate
de la política franco-colombiana, de los tres contratistas
estadounidenses secuestrados en 2003 y de once militares colombianos
ha sido posible gracias a la infiltración de dos militares
en la cúpula de la guerrilla. Como resultado final, el Comandante
César de las FARC y otro miembro han sido detenidos.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han mantenido
retenida a Betancourt durante más de seis años.
Las últimas imágenes difundidas de la mujer en la
selva, pertenecientes a finales de 2007, eran desoladoras y dispararon
todas las alarmas sobre el delicado estado de salud de la ex candidata.
Sin embargo, ayer el ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel
Santos, certificó que su estado de salud era razonablemente
estable, tal y como puedo verse a la llegada de Betancourt al
aeropuerto militar de Catam de Bogotá. Ataviada con un
chaleco y un sombrero militar, se abrazó a su madre, Yolanda
Pulecio, justo al final de las escaleras del avión.
El secuestro de Ingrid Betancourt ha movilizado a miles de personas
en todo el planeta y distintas potencias mundiales se han implicado
en su liberación, entre ellas Francia, lugar en el que
residen sus hijos.