El público español apenas recuerda los anuncios
que ve. La saturación publicitaria ha llegado a tal extremo
que cada vez es más difícil y costoso captar la
atención de los consumidores. La guerra por destacar ha
llevado a las empresas a utilizar técnicas que a menudo
vulneran la normativa publicitaria.
El aumento de las sanciones a canales de comunicación,
en especial de los televisivos, es una señal de los intentos
de la cadenas por burlar los límites establecidos por la
ley a la publicidad. Sin embargo, una mayor emisión de
anuncios no garantiza un mayor impacto en los consumidores. Según
profesionales del sector, la crisis del anuncio tradicional se
da, en parte, debido al aumento de canales de comunicación,
la fragmentación de las audiencias y cambios en el público.
Bettina Farreras, consejera delegada de Bassat Ogilvy, considera
que, actualmente, la gente tiene un poder nuevo. Según
Farreras, los consumidores "son muy interactivos, muy exigentes,
se comunican por Internet, se organizan y son capaces de arruinar
una marca".
Semejante contexto pone a prueba la creatividad de los publicistas
y especialistas en marketing. La publicidad frontal parece
ser, cada vez más, un modelo a substituir por un tipo de
comunicación más persuasiva donde el objetivo ya
no es convencer, sino establecer vínculos con la gente.
Simultáneamente, las empresas no paran de desarrollar nuevas
técnicas a fin de reinventarse y sorprender; en definitiva,
de sobrevivir al ruido mediático que anuncia el final de
una etapa de la historia de la publicidad.