Tras
el boom inmobiliario, la demanda de vivienda protegida
se sitúa en unos niveles que superan, en exceso, la oferta
accesible a través de sorteos multitudinarios. Al regirse
por el azar, no se tienen en cuenta las circunstancias personales
que pueden determinar las futuras posibilidades económicas
y sociales de cada solicitante. Por este motivo, numerosos expertos
han señalado que, a pesar de tratarse de una medida social,
en el fondo constituye un sistema injusto en el que un derecho
constitucional es concedido por sorteo. Por esta razón,
algunas localidades ya se encuentran en fase de buscar soluciones
alternativas para adjudicar las viviendas de protección
oficial.
La escasez de suelo edificable es uno de los mayores problemas
de ciudades como Barcelona y Bilbao donde las políticas
relacionadas con la vivienda deben dirigirse a edificar en alquiler
o aprovechar las remodelaciones de los barrios. De todas formas,
incluso en las localidades con mayor suelo disponible, las solicitudes
exceden ampliamente las previsiones de construcción de
Viviendas de Protección Pública (VPP). Por otro
lado, no todo el mundo que requiere una VVP puede acceder al proceso
de adjudicación. La dificultad para acceder a la información,
así como para cumplir los requisitos establecidos por los
ayuntamientos, constituye algunos de los motivos por los cuales,
actualmente, los registros no recogen los nombres de todos aquellos
que podrían necesitar una vivienda de estas características.