
Este año se conmemoran las cuatro décadas de los acontecimientos
sucedidos durante la primavera de 1968. Aunque los hechos más
destacables tuvieron lugar en Francia, cabe decir que 1968 fue un
año que entró en una vorágine de cambios de
gran intensidad, a escala casi mundial.
Los jóvenes del Mayo francés, ahora sesentones,
aspiraban a provocar el hundimiento de los sistemas establecidos
y su ilusión por cambiar las cosas unió situaciones
tan dispares como la Francia de De Gaulle, la Checoslovaquia marxista-leninista,
el México autoritario y corrupto y los jóvenes negros
de los guetos norteamericanos.
Durante aquellos días, las ciudades francesas fueron
testigo de manifestaciones multitudinarias, en las que, por primera
vez, participaban los grandes sindicatos. Obreros y estudiantes
hacían huelga juntos y se enfrentaban a la dura represión
de la policía. Estas protestas estudiantiles, que habían
arrancado en marzo, finalizaron en junio, cuando el movimiento
estudiantil y obrero fue, paulatinamente, desmantelado; las últimas
fábricas ocupadas, desalojadas y se celebraron elecciones
anticipadas. Del mismo modo, el teatro del Odeón, la Sorbona
y la Escuela de Bellas Artes, centros neurálgicos del pensamiento
liberal y la agitación social, fueron evacuados a finales
de junio, poniendo fin al Mayo francés.