El pasado tres de mayo falleció, a los 82 años de
edad, Leopoldo Calvo-Sotelo, el segundo presidente de la democracia
española. La capilla ardiente instalada en el Congreso
de los Diputados, durante el fin de semana, fue el marco para
homenajerar al estadista y líder de la Unión de
Centro Democrático. Hoy, 5 de mayo, se traslada el féretro
a Ribadeo (Lugo), donde tendrá lugar el entierro. El jueves
se celebrará el funeral de Estado en la Catedral de la
Almudena de Madrid.
Con el adiós expresado por numerosas autoridades y ex
altos cargos políticos, así como por miles de ciudadanos
españoles, a la viuda y familiares de Calvo-Sotelo, se
despide al primer presidente elegido democráticamente en
España. Leopoldo Calvo-Sotelo asumió la presidencia
del Gobierno en unos momentos delicados. De hecho, su propia investidura
en las Cortes fue interrumpida por el golpe de Estado del 23F.
A pesar de la brevedad de su gobierno, 21 meses, después
de Adolfo Suárez y antes de Felipe González, durante
su mandato se desarrollaron algunas leyes y reformas, algunas
de ellas polémicas en su momento, que sentaron las bases
de la posterior política exterior y autonómica de
España.
Más allá de las leyes promulgadas durante el gobierno
de Calvo-Sotelo, tal como expresó el presidente del Congreso,
José Bono, la figura de Leopoldo Calvo-Sotelo constituye
todo un símbolo de la consolidación de la democracia.